La economía mundial enfrenta una creciente presión debido a la crisis energética provocada por el cierre del estrecho de Ormuz, una de las principales rutas de transporte de petróleo y gas a nivel global.
La interrupción del suministro ha generado un aumento significativo en los precios del crudo, afectando directamente los costos de combustible, transporte y producción en múltiples países, lo que impulsa la inflación a nivel internacional.
Expertos advierten que esta situación podría desencadenar una desaceleración económica global, con impactos en sectores clave como la aviación, la industria y la agricultura, debido al encarecimiento de los insumos energéticos.
Además, algunos países ya han comenzado a aplicar medidas de racionamiento energético, mientras que otros enfrentan cancelaciones de vuelos y ajustes en sus cadenas de suministro, evidenciando el alcance de la crisis.
Analistas comparan el escenario actual con crisis históricas como la de 1973, señalando que, de prolongarse el conflicto, el mundo podría entrar en una nueva fase de recesión económica.


