La arena del Comité Olímpico Paraguayo retumbaba. Cada punto, cada saque, cada bloqueo de la Selección Dominicana de Voleibol Femenino encontraba eco en una marea de banderas y voces caribeñas. El rival, Argentina, llegó con hambre de medalla; pero las quisqueyanas, con el corazón en la mano, estaban decididas a quedarse con el bronce.

Desde el primer set, las dominicanas impusieron su ritmo. Con un 25-17 arrollador, dejaron claro que no estaban allí para conformarse. El segundo parcial (25-21) fue más reñido, pero la garra y el empuje en la red mantuvieron el control del marcador. Argentina reaccionó en el tercero (21-25), obligando a la escuadra criolla a ajustar y a buscar dentro de sí la chispa final.

Y esa chispa apareció. El cuarto set fue un desfile de remates potentes, bloqueos oportunos y gritos de aliento. Katielle Alonzo, imparable, sumó 20 puntos; Alondra Tapia la secundó con 18, encendiendo las gradas una y otra vez. El último tanto, con el 25-19, desató un estallido de alegría que se mezcló con lágrimas y abrazos.

Con este triunfo, República Dominicana sumó su segunda presea en Asunción 2025 —1 de plata y 1 de bronce—, y más allá del podio, dejó una huella imborrable. Al borde de las lágrimas, las jugadoras agradecieron a la fanaticada que nunca dejó de creer, esa que convirtió cada rincón del estadio en un pedazo de tierra dominicana.

Hoy, el bronce brilla como oro en el corazón de todo un país.

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