La noche en que los sueños toman forma llegó para Andersson García. Bastaron 25 minutos en la duela para que el joven de Moca escribiera una página imborrable en su carrera al debutar en la NBA con el Utah Jazz, nada menos que frente al conjunto donde milita su compatriota dominicano Karl-Anthony Towns, los New York Knicks.
Aunque el marcador final favoreció a los neoyorquinos 134-117, el resultado no opacó el momento histórico para el jugador nacido en Moca.
El momento más esperado llegó temprano. A falta de 1:09 del primer cuarto, el mocano pisó la cancha por primera vez en la NBA. Apenas unos segundos después, con 0:54 en el reloj, anotó sus dos primeros puntos, sellando oficialmente su estreno en la mejor liga del planeta.
Su llegada a la NBA se concretó apenas un día antes del partido, cuando los Jazz oficializaron su firma por un contrato de 10 días, una oportunidad que el dominicano recibió con sorpresa, emoción y gratitud.
Tras el encuentro, en conferencia de prensa, García todavía parecía procesar lo que acababa de vivir.
“Estoy súper agradecido. Me sorprendió mucho porque no esperaba estar aquí ahora mismo”, confesó el jugador, aún asimilando lo ocurrido. “Solo trato de hacer las pequeñas cosas: jugar duro en defensa y traer energía desde la banca. Fue una gran experiencia para mi primer juego en la NBA”.
El dominicano también habló del significado que tiene representar a su país en una liga donde pocos han llegado.
“Viniendo de la República Dominicana, una isla pequeña donde no muchos jugadores de baloncesto están aquí, esto significa mucho”, expresó. “Tengo a mi familia volviéndose loca… era un sueño cuando era niño y ahora estar aquí con un uniforme de la NBA significa muchísimo”.
García incluso relató el momento en que recibió la noticia de su firma, una escena tan inesperada como emocionante.
“Fue muy difícil de creer. Llamé a mis padres y no respondían, llamé a mi amigo más cercano y tampoco contestaba. Pensé: ‘No puedo creer esto hasta que vea mi camiseta en persona’”.
Más allá de los números, el dominicano dejó claro cuál es su mentalidad dentro de la cancha: aportar lo que sea necesario para ayudar a su equipo.
“Entendí que mi rol es hacer lo que pueda para ayudar al equipo a ganar. Aquí todo es más difícil, la diferencia es grande, pero estoy muy agradecido por la oportunidad”.
Desde la conferencia de prensa de Utah, el entrenador Will Hardy también destacó la actitud del dominicano en su primer juego.
“Para ser su primer partido, Anderson jugó realmente duro. Protegió los rebotes, peleó por balones sueltos. Falló un par de bandejas, pero eso no significa nada para mí. Estoy realmente orgulloso de cómo jugó”, señaló el técnico.
Quizás lo más poderoso de la noche no fueron las estadísticas ni los minutos en cancha, sino la imagen que García describió al hablar de su hogar.
“Mi familia estaba llorando… creo que todavía están llorando”, dijo con una sonrisa.
Entre emoción y orgullo, García también reveló que en su mente ya existe un objetivo claro: dejar huella en su país.
“Quiero ser alguien en el futuro, quiero ser recordado en mi ciudad y en mi país. Hoy poder estar aquí es como una fiesta o un desfile en mi ciudad”.
Y aunque el resultado no acompañó a los Jazz, el debut del mocano fue mucho más que estadísticas.
Para el joven de Moca, el debut no fue solo un partido más. Fue la confirmación de que el sueño de aquel niño dominicano ahora tiene nombre, número… y una camiseta de la NBA.


